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Alma de Pueblo

by Gaston Castagnet | PH: Gonzalo Viramonte

La buena gastronomía en Córdoba se expande. Los comensales ya no sólo rumbean tras el bon vivir de la conocida zona Tejeda o la incipiente Recta Martinolli. Traspasan fronteras: “Ok Google: Ir a Río de Janeiro 137, Villa Allende”. Alma de Pueblo.

Los usuarios de las más conocidas redes sociales dicen: “Tiene muy buena carta, platos generosos” / “Variedad de pastas súper sabrosas, empanadas muy ricas, gigantes” / “El menú cambia seguido, y aunque al principio te parece que vas a extrañar ese planto, enseguida te enamoras de uno nuevo”.

El primer obstáculo a sortear es la elección. La vista recorre la carta una y otra vez, y cuando parece que la decisión está por llegar, las papilas acusan otras letras y la indecisión suspira. ¿Empanada de chivito con peperina o mollejas al verdeo? ¿Sorrentinos caseros de hongos o cabutiá relleno de mariscos? ¿Guiso de cordero o panceta laqueada con cremoso de batatas? ¿Volcán de chocolate o… volcán de chocolate?! No hay apuro; haga caso a sus instintos, a la sugerencia del chef y al relojeo de mesas aledañas. Tranquilo, seguramente volverá.

A la experiencia gastronómica, se le suma la ambientación del lugar. Acogedor y de buen gusto, simula reminiscencias de viejos almacenes de pueblo serranos. Materiales reciclados, algo vintage, colores cálidos e iluminación acorde, y el gran acierto de poder ver a los chefs en acción. No me olvido de la estrella del lugar, su gran horno de barro.

Otro punto a destacar es la atención; la buena actitud de las personas involucradas hace que la experiencia termine de cerrar. No se asombre si uno de sus dueños se acerca para preguntar cómo va todo.

Así es Alma de Pueblo: cocina simple, exquisita, pura esencia. Vuelvo a los reviews de comensales y tomo prestado textual: “Gastronomía con personalidad”.

Face: @AlmadepuebloCba

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