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Peligro, gente cayendo del cielo

by Santiago Casenave | PH: Banco de Imagen

Hablar de Queenstown es sinónimo de aventura. Fue precisamente aquí donde casualmente nació el “bungy jumping”, cuando un grupo de jóvenes aventureros, inspirados por los saltos rituales de los pobladores de la isla de Vanuatu, empezó a colgarse de sogas y saltar al vacío, desde un puente.

El pionero fue Alas John Hackett -conocido mundialmente como “AJ Hackett”- y fue justamente en el puente sobre el río Kawarau, a pocos minutos de la ciudad, donde improvisó sus primeros saltos al vacío. Fue tal el éxito que, 20 años más tarde, AJ Hackett es una marca registrada en bungy jumping, y cientos de personas saltan diariamente de alguno de los tres sitios que existen en Queenstown. Saltar en bungy es una parada ineludible para todos los amantes de la aventura, y se puede elegir hacerlo sobre el río Kawarau, en donde todo empezó; en uno de los cerros pegaditos a Queenstown, o en la plataforma sobre el valle Nevis, con 143 metros de altura y más de 8 segundos de caída libre. No apto para cardiacos.

Pero, hay más. La ciudad ofrece aventura para todos los gustos y bolsillos. Para los amantes de la adrenalina, es posible remontar vuelo hacia las nubes y saltar en paracaídas a más de 200km por hora. También muy cerca de la ciudad hay un teleférico, desde donde luego de unos diez minutos de ascenso hasta la cima, se puede apreciar una majestuosa vista del pequeño pueblito y el entorno mágico que lo rodea. Desde aquí mismo uno puede largarse a volar en parapente, o aprovechar la pendiente y montar en unos pequeños carritos a gran velocidad. Este cerro es además una meca para los amantes del “downhill bike”, quienes suben en teleférico hasta la cima y se lanzan cuesta abajo en bicicleta sorteando todo tipo de obstáculos por uno de los cientos de senderos que existen.

Queenstown además es la base para muchos de los mejores senderos de trekking que existen no solo en el país, sino en el mundo. Hay una moderna infraestructura de senderos y refugios de montaña, con caminatas que van desde un día, hasta expediciones a pie por más de cinco días en el medio de una naturaleza inverosímil. También la ciudad es la puerta de entrada al Fiordland National Park, tierra mundialmente conocida de fiordos, y de una belleza natural difícil de explicar.

Y si, véngase con las baterías bien cargadas. Queenstown lo va a mantener muy activo y ocupado.

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